MÚSICA SIN MAPA

MÚSICA SIN MAPA
Una travesia por los distintos sonidos que habitan el mundo.

Producción general: NICOLAS FALCOFF
Producción: LEONARDO LEVERONI

Eduardo Mateo


Vamos a centrarnos en un artista que si bien en vida no gozó de la popularidad y el reconocimiento que merecía, indiscutidamente está considerado hoy como uno de los músicos mas influyentes de la música popular uruguaya. Su originalidad y audacia artística se vio acompañada de la marginalidad de los circuitos tradicionales. Sus últimos días lo pasó vagando por las calles de Montevideo, casi en el anonimato.

Un músico mágico, bohemio, loco. Su genialidad fue manifestada en bruto, casi rústicamente en las grabaciones que consiguió registrar en vida, y ese material, esa materia prima, a partir de su desaparición física, no deja de ser reformulada, moldeada y re interpretada.

Eduardo Mateo, nació en Montevideo un 19 de septiembre de 1940. Su padre era feriante y músico carnavalero y su madre trabajaba limpiando en la casa del insigne compositor Eduardo Fabini. A los 14 años su abuela le regaló su primera guitarra y así comenzó a incursionar en la música imitando al grupo brasileño Os Demonios da Garoa.

Su primer grupo propiamente dicho llevó por nombre “O bando de Orfeo”, como homenaje al film Orfeo Negro (1959), además era el nombre del boliche en el que solían tocar en Carrasco. Luego Mateo integró el grupo “Los Malditos” como guitarrista, una banda de covers formada en 1964 que tuvo cierta repercusión en Uruguay tocando música de los Beatles. El grupo llegó a grabar un simple para el sello sondor pero cambiando su nombre a “The Knights”. En 1966 el grupo de disolvió pero Eduardo Mateo y Walter Cambón siguieron juntos y para no desperdiciar las oportunidades de trabajo incorporaron nuevos músicos: Luis Sosa, Antonio Lagarde y Rubén Rada, ese fue el inicio de “El Kinto”. Un grupo emblemático de fines de los 60 que a la par de Almendra en Argentina, constituyeron las bases del rock popular del Uruguay.

El nombre del grupo hace referencia al doble sentido de tratarse de un quinteto por un lado y por otro al tambor quinto, una de las piezas del juego de congas, el instrumento predilecto de Rada quien junto a Mateo se impusieron como líderes del grupo. Al poco tiempo Antonio Lagarde se fue del grupo y fue reemplazado en el bajo por Urbano Moraes. La primer propuesta discográfica fue en 1968 para grabar un simple con sus dos canciones más importantes “Que me importa” y “Principe Azul” (versionada por León Gieco en “de Usuahia a la Quiaca”). Pero el proyecto de grabación quedó trunco porque Rada se fue a tocar a Perú. Algunas de las grabaciones fueron rescatadas con los años y editadas en CD.

A pesar de no haber podido editar el simple que grabaron en 1968, en esos años el grupo había adquirido cierto prestigio en el circuito local, de hecho “El Kinto” fue el grupo eléctrico invitado por Zitarrosa para su proyecto multicultural “La claraboya amarilla”. Luego en el teatro “El Galpón” llevaron a cabo las “musicaciones” donde eran el grupo anfitrión que alternaba su música con poesía, teatro, Jazz y candombeadas. Pero a pesar del éxito creciente del grupo, Mateo comenzó a desinteresarse y dejó ir por la borda una nueva propuesta de grabación. Llegando tarde o utilizando muchísimas horas de estudio.

En 1970 el Kinto se separó e interrumpió su actividad. Pero a pesar de su casi nula presencia discográfica quedaron en la memoria colectiva como un grupo de culto, ya que fueron los primeros en tocar música beat desde una concepción más expresiva alejada de lo comercial, en cantar en castellano y fusionar el beat con ritmos como el candombe. Pero al no haber ningún registro discográfico mas allá de algunas sesiones como grupo acompañante en un par de simples, podía haber quedado diluida la mística que se formó en torno al grupo si no hubiera sido por una grabaciones que el Kinto efectuó para el programa televisivo Discódromo, donde actuaron reiteradas veces y como precisaban tener playbacks grabaron. El ingeniero de sonido, Carlos Piriz, fue quien retomó y editó con gran repercusión en diversos simples y un LP esas grabaciones.

Sobrevivieron 16 canciones grabadas por El Kinto. Muchos de sus temas, compuestos en su mayoría por Rada o Mateo, han sido re versionados y recordados en todo el desarrollo del rock nacional y la música popular uruguaya.

Después de su incursión en el Kinto, Mateo ya era considerado un músico destacado y original en Uruguay, pero no tenía disco propio. Así fue que el técnico de grabación Carlos Piriz, fanático de mateo, (quien a su vez fue el mismo que rescato las pocas grabaciones de El Kinto), incitó a Mateo a grabar en Buenos Aires en 1971 el disco que se llamo “Mateo solo bien se lame”. Tras pagarle al músico y a su novia Nancy pasajes y estadía, los flamantes dueños del sello musical De la Planta empezaron a comprobar que el intento de registrar las canciones en una semana era utópico: los tiempos de Mateo eran imposibles.

Mateo tenía anotados diversos garabatos en un cuaderno azul que cada día interpretaba de distinto modo; grababa un tema como de casualidad y al día siguiente se lo olvidaba o lo borraba. Es así que mientras las horas de estudio se facturaban. Mateo quizás se hacia presente en el legendario estudio ION solo para avisar que no estaba inspirado, si es que se hacía presente. Según el musicólogo brasileño Guilherme de Alencar Pinto-. Quien a su vez escribió la biografía de mateo. Este proceso de grabación intermitente duró dos meses. Hasta que un día Mateo hizo la típica dijo: "voy a la esquina a comprar fasos" y se volvió a Montevideo, cerca de Navidad.

El disco terminó siendo, lógicamente, el borrador de lo que podría haber sido: Piriz estuvo un año pegando partes de temas, cortando otras, armando conceptualmente los trozos dispersos, bordando un rompecabezas a partir de las pistas dejadas por el músico. Y “Mateo Solo bien se lame” se editó en 1972 y marcaría a fuego la música popular uruguaya. El propio Jaime Roos confesó haberse devorado de un bocado el disco y que lo conoce de memoria.

En épocas de rock progresivo y mucho instrumento eléctrico, Mateo hizo un álbum intimista, acústico solo con guitarra, percusión y voz. En este disco Mateo toca guitarra, percusión y canta. Horacio Molina le hizo coros. La admiración de Mateo por la música negra, por el candombe y la bossa nova era sabida. En sus composiciones demostró un particular modo de interpretar esos ritmos.

Con respecto a la discográfica de Mateo hasta el momento de su muerte han quedado registrados cuatro fonogramas individuales: "Mateo solo bien se lame" (1972), "Cuerpo y alma" (1984), "La Máquina del Tiempo presenta Mal tiempo sobre Alchemia" (1987) y "La Máquina del Tiempo - La Mosca" (1989), y otros cuatro fonogramas en colaboración: "Mateo y Trasante" (1978), "Mateo y Cabrera" (1987), "Botija de mi país" con Ruben Rada (1987) y "Teatro de Verano en vivo" con Hugo Fattoruso, Rada, entre otros (1989).

Se dice que su caso parece similar al de Tom Zé, y que si David Byrne hubiese entrado en una disquería de Montevideo en lugar de una de Río, hace 14 años, probablemente sería hoy Mateo el artista de culto internacional, como lo es Tom Zé a partir de su re descubrimiento por medio del sello Luaka Bop.

“Razones Locas. El paso de Mateo por la música popular uruguaya”, es el titulo de la biografía monumental que el musicólogo brasileño Guilherme de Alencar Pinto- escribió sobre Mateo.

Allí Alencar Pinto sostiene que Eduardo Mateo fue el principal músico ‘antropófago’, de la música popular uruguaya. Un concepto introducido por el escritor brasileño Oswald de Andrade, que habla de los artistas que optan por deglutir al conquistador para incorporar su fuerza, en oposición al nacionalismo meramente resistente. Mateo era un creativo en todo sentido, incluso inventaba palabras porque el idioma le quedaba corto para expresar sus pensamientos. Una de esas palabras es “Contumancia”, en referencia a aquello que escapa al lenguaje, a lo indecible. La contumancia era el elemento que sus grabaciones debían poseer para que Mateo de su aprobación final. Inspirada en esa particular cualidad indefinible, fundamental para la dimensión en la que habitaba Mateo surgió en Argentina la revista La Contumancia dedicada a la cultura musical independiente. Las canciones de Mateo son un mundo en sí mismas. Son como gemas sin pulir. La música de Mateo es una continua invitación a abrir nuestra cabeza a un nuevo mundo detrás del mundo que observamos cotidianamente. Porque a este cantautor uruguayo, le quedaron chicas las palabras, las notas y la guitarra. Y por eso reinvento un modo de decir, de cantar y de tocar.

Sus canciones fueron versionadas por muchísimos artistas rioplatenses. Entre ellos se encuentra Pedro Aznar quien grabó un disco titulado “Cuerpo y Alma” en el 1998 llevando como titulo el de un tema de Mateo y de un disco del artista uruguayo editado en 1984.

Alli mas allá de grabar cuerpo y alma, Pedro Aznar versionó un clásico de Mateo, un candombe en ¾ que también tiene los neologismos a los que Mateo nos tiene acostumbrados: Tungue Le.

Alencar Pinto cuenta en su libro que Mateo pasó su última época vagando por el centro de Montevideo, en Pijama pidiendo limosna. La mayoría de los que lo reconocían se cruzaban de vereda. Los que no, solían recibir discursitos como éste: "Hola, ¿no me conoces? ,soy Eduardo Mateo. Seguramente escuchaste más de una vez un tema mío. No te estoy pidiendo limosna. Te pido que me pagues una parte de mis derechos de autor. Es que... nunca me los pagaron.

Mateo murió joven, hizo lo que quiso y como lo quiso. Y así se retiró con bajo perfil tal vez sin saber que su legado sería una huella imborrable en la música popular rioplatense.

Murió a los 50 años el 16 de mayo de 1990, el cantautor uruguayo ya era mito. Mito que sigue creciendo día a día no solo en Uruguay sino también en Argentina y Brasil. Mateo hoy tiene una plaza con su nombre en Montevideo. Fue descripto por Fito Paez como una mezcla entre Tanguito y Zitarrosa y valorado también por León Gieco, Lito Nebbia o Jaime Roos quien recuerda lo siguiente:

“La noticia de la muerte de Mateo fue uno de los golpes más fuertes que he tenido en mi vida”, recuerda Jaime Roos. “Justamente estaba grabando un tema que se llama `Igual que ayer´. Una letra que terminé cuando murió Lazaroff. Al día siguiente sentí que había un agujero en mi pecho, y me parecía que había también un agujero en el cielo de Montevideo. Me acuerdo que llovió todo el día, y a la noche teníamos que hacer un show. Fue la peor noche de mi vida sobre un escenario. No se lo dijimos al público hasta la última canción, porque muchos de ellos no lo sabían, y luego tocamos `Amigo lindo del alma ´. Y después de ese tema, escuché de la gente un aplauso que no había escuchado nunca en mi vida sobre el escenario. Un aplauso que recordaba a una llovizna, muy tranquilo y suave, y que parecía que no terminaba jamás”.

Dice el dicho popular que detrás de todo gran hombre hay una gran mujer. A su vez artistas de la talla de Mateo no estuvieron exentos de tener sus propias musas inspiradoras. Si bien el nombre de “Nancy” es el que resuena como “La novia de Mateo” a quien le dedicó algunos de sus tema como el Son de Nancy, hubo otra mujer en la vida de Mateo la cual si bien no estuvo implicada con él desde el punto de vista amoroso, pero, si fue protagonista de algunas de sus composiciones y de su vida artística. Según describe biografía de Alencar Pinto editada en 1994, ciertas gemas creadas por Mateo como “Esa Tristeza” o “Mejor me voy” estuvieron inspiradas en una mujer que cuando conoció a Eduardo Mateo tenia diecinueve años y unos preciosos ojos verdes, era estudiante de arquitectura y admiraba el cine y la música francesa.

El verdadero nombre de esta cantante es Diana Reches pero antes de su primer concierto el padre le anunció poniendo el grito en el cielo que no quería ver el apellido de la familia anunciado en un espectáculo musical por lo cual como Diane siempre se vestía de Negro, decidió casi inmediatamente adoptar el apellido de Denoir (de negro en francés) para su vida artística. Bajo ese nombre se presentó ante los músicos que tocaban junto a Manolo Guardia en el bar del hotel Lancaster, donde le habían dicho que podía encontrar un guitarrista para sus conciertos. Cuenta el libro de Pinto que cuando Diane lo escuchó tocar a Mateo inmediatamente le propuso que la acompañara en un concierto que le había surgido en el Solís.

A partir de ahí se hicieron amigos y todos los días mateo pasaba por la casa de Diane. La figura de Diane estuvo asociada a Mateo y más aun a partir de la edición de “Razones Locas” la biografía de Alencar.

Sus grabaciones editadas originalmente en 1971, sin repercusión comercial alguna, pasaron de la clandestinidad de coleccionistas y grabaciones piratas a un disco editado en Argentina por un sello independiente local. Aquel único registro que compila temas de mayoritariamente compuestos por Mateo y Urbano Moraes tiene una duración de apenas media hora y contiene doce temas con influencias de la bossa nova y la chanson francesa, de la cual Diane era adepta. “Mejor me voy” fue la primer canción y en realidad la única que Mateo admitió haberle escrito a la propia Diane. La versión de Diane Denoir de este tema cierra su disco. En una nota reciente que le hicieron a Diane esta declaró lo siguente: “Alguna vez, Mateo le dijo a Jaime Roos que yo fui su musa, y que compuso para mí canciones como ‘Y hoy te vi’ y ‘Esa tristeza’. Pero a mí eso no me lo dijo nunca”, “Para mí, la única canción que es mía es ‘Mejor me voy’, porque Mateo me dijo que ésa era yo. Sucedió así: yo solía ir con mi novio a verlo tocar a Mateo con Orfeo Negro, y bailaba un poco y después me cantaba un tema. Una noche me peleé con mi novio y caí por ahí, y Mateo me decía: ‘Cantate una’, y yo le decía que no, me preguntaba qué te pasa y yo le decía nada y así estuvimos un rato. No canté nada, no le dije nada, y debía tener muy poca sonrisa esa noche. Al día siguiente, como todas las tardes, a eso de las tres cayó Mateo por casa y me dice: ‘Vo, ésta sos vos’. Y me cantó ‘Mejor me voy’. Así que ésa soy yo, porque es el cuento mío y me la hizo para mí, no hay ninguna duda.